Invención de la epidemia de SIDA - Dr. Alfredo Embid - 4
La amenaza de la emergencia de nuevas epidemias alimentan el miedo. Y el miedo es una necesidad del orden para someter a la población.
El miedo a la contaminación justifica medidas discriminativas de inmigración por motivos sanitarios. Hay más de 50 países donde no vas a entrar si eres seropositivo, lo que encubre motivos políticos y racistas que serían menos aceptables.
El miedo al SIDA fomenta el miedo al otro; nos agarra por el sexo, justamente donde más duele y destruye nuestra relación más íntima con el otro. De ese modo, el miedo del SIDA también fomenta la insolidaridad con los demás. Fomentar la insolidaridad, incluso justificándola con argumentos biológicos, ha sido un objetivo reiterado del sistema.
Desde el siglo pasado, numerosos ideólogos del sistema intentan convencernos de que el hombre "es un lobo para el hombre", con argumentos "evolucionistas y biológicos". Una filosofía que fomenta la insolidaridad y cimenta el orden que hay que imponer.
El miedo es esencial para el mantenimiento del orden.
El miedo a los rusos fomentado en la guerra fría ha desaparecido.
El fomentado miedo de que los países no sometidos al orden, como Cuba o Vietnam, representen un peligro para la seguridad nacional de los EEUU, es una burda manipulación y una burla del más elemental sentido común de la opinión pública mundial. ¿Acaso alguien en su sano juicio podría considerar que Fidel Castro o los vietnamitas van a desembarcar en Miami o en California para invadir los Estados Unidos? Evidentemente, esta posibilidad no existe, aunque sí existe el bloqueo que sufren Cuba y Vietnam.
El miedo al SIDA está perfectamente diseñado. Nos castra nuestra sexualidad, nos invita a desconfiar del otro, especialmente si es de color, nos propone con argumentos científico-médicos justificar la limitación de la inmigración, nos invita a colaborar en las medidas para limitar la población de los países "contaminados" y en otras medidas eugenésicas en base a consideraciones no políticas, sino sanitarias.
PERO HAY DISIDENTES CRECIENTES
Ya en octubre de 1985, el doctor Serguei Litmonov, epidemiólogo ruso especialista en enfermedades transmisibles africanas, que ostentaba el cargo de secretario adjunto al director de la OMS en Ginebra, afirmó sobre la epidemia de SIDA en África que "todo ha sido un caso de pánico y una exageración proveniente del país originario del SIDA, es decir, Estados Unidos".
En numerosos foros internacionales científicos y políticos africanos se han opuesto a la estrategia de despoblación que imponen las organizaciones mundialistas.
Desde hace años, la revista New African está publicando artículos que cuestionan a la ortodoxia del SIDA.
Más recientemente, los delegados científicos africanos especialistas del SIDA que asistieron al International Visitors Council quedaron atónitos al oír las exposiciones del Dr. Rasnick y de Christine Maggiore.
Hoy, el presidente de Sudáfrica se opone a la visión occidental del SIDA en África, ha abierto el debate y lo está extendiendo al resto de las naciones no blancas y pobres.
Los dirigentes tienen motivos para inquietarse; sus mentiras están siendo desveladas.
La hipótesis oficial sobre el SIDA en África, y en general en el tercer mundo, tiene varias ventajas.
- Justifica el fracaso de la hipótesis infecciosa y de transmisión sexual en occidente donde, a pesar de los trucajes estadísticos, el SIDA sigue confinado mayoritariamente a los hombres.
- Aún con las rebajas que acaban de hacer las multinacionales, representa un mercado importante para sus productos.
- Es descaradamente racista.
- Elimina excedentes de población que sobran.
- Utiliza el dinero de los contribuyentes norteamericanos con la excusa de ayudar a combatir la epidemia, para continuar la política de despoblación eugenista propiciada por los propietarios del orden mundial.


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