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La Coctelera

Lo QUE no se DICE

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Categoría: EXPERIMENTOS CLANDESTINOS

EXPERIMENTOS CON ANIMALES

Se introduce a los animales en cámaras estancas o se les ponen bozales que les fuerzan a respirar pulverizadores, gases y vapores.

Esto provoca que puedan ponerse muy enfermos, vomiten, sufran dificultades respiratorias e hipotermia, además de la posible de dependencia física si lo que se les hace inhalar es una droga.

No se hacen pruebas únicamente con productos destinados al consumo humano, sino que se da a inhalar a los animales no humanos productos para la guerra química, insecticidas, anticongelantes, líquidos de frenos, blanqueadores, pulverizadores para el árbol de navidad...

..., velas de iglesia, limpiadores de horno, desodorantes, refrescantes de la piel, burbujas de baño, depilatorios, maquillaje de ojos, extintores de fuego, tintas, aceites bronceadores, esmaltes de uñas, rimel, spray para el pelo, pinturas y lubricantes de cremalleras.

Como ejemplos de los estudios sobre tabaquismo, R.J. Reynolds (fabricantes de Camel y Dorchester & More) ha publicado varios informes describiendo los efectos de fumar pasivamente en animales no humanos.

En dos estudios de estos estudios, más de 1.000 ratas fueron expuestas a varias concentraciones de "humo de tabaco", 6 horas al día durante más de 90 días. Estos animales fueron sujetados individualmente en un tubo del tamaño del cuerpo del que sólo sobresalían las narices. Estos tubos fueron puestos en grandes cámaras en las que se liberó el humo. Al final del estudio estos animales fueron asesinados y examinados. A pesar de que algunas ratas desarrollaron inflamación crónica de los conductos nasales, los investigadores de Reynolds concluyeron que "el humo del tabaco es poco posible que tenga actividad toxicológica en humanos".
Estudios con diferentes animales no humanos sobre fumar pasivamente también han sido conducidos por investigadores académicos: en la Universidad de Nueva York, se usaron 42 pollos como modelos de los fumadores humanos. Las aves fueron expuestas a humo de tabaco o aire filtrado, 6 horas al día, cinco días a la semana, durante 16 semanas. Entonces, fueron asesinadas y examinadas para buscar signos de enfermedades coronarias.
En la Universidad de California, San Francisco, 64 conejos fueron alimentados con una dieta alta en colesterol, para incrementar su riesgo de padecer enfermedades de corazón. También fueron expuestos a humo de tabaco de Marlboro o aire normal, 6 horas al día durante 10 semanas, antes de ser asesinados y examinados buscando evidencias de arteriosclerosis.

 En la Universidad de California, Davis, al menos 64 ratas embarazadas fueron usadas para ver los efectos de fumar pasivamente durante el embarazo y de los parches de nicotina. Estos animales fueron expuestos al humo continuamente durante 9 días. Todos fueron asesinados al final de sus embarazos.
los resultados de estos tests con animales fueron usados para sugerir que fumar pasivamente es dañino para la gente.
Hay, desde luego, numerosas razones por las que todos estos resultados son irrelevantes para la salud humana. Las pruebas son altamente artificiales e ignoran las conocidas diferencias entre especies en su respuesta al tabaco. Las ratas encerradas inmóviles en tubos, sufriendo estrés, y respirando sólo a través de su nariz (los humanos respiramos también por la boca) no son un modelo para los complejos patrones del tabaquismo humano. Similarmente las otras especies usadas, la duración de las pruebas (que ciertamente no corresponden a la naturaleza a largo plazo de largo nivel de mucho del tabaquismo pasivo humano), diferencias metodológicas y de dosificación, todo esto hace que sea imposible que los resultados puedan aplicarse a los humanos. Los estudios de población humana (epidemiológicos) ya han sugerido fuertemente que el tabaquismo pasivo es peligroso. Si se necesitan más evidencias, deben obtenerse a través de estudios in vitro y con voluntarios humanos, más que con erróneos y crueles tests con animales no humanos, que ni tienen ni tendrán ninguna adicción al tabaco de forma natural.

Reynolds realizó experimentos con animales no humanos usando nuevos cigarrillos "sin humo", que se calientan pero no queman el tabaco. Estos tests incluyeron más de 1.200 ratas, 272 hamsters y 750 ratones, que fueron usados en estudios de toxicidad por inhalación de este tipo de cigarrillos. Los animales fueron confinados en tubos de contención individuales y forzados a respirar "humo" de cigarrillos normales o de los nuevos cigarrillos "sin humo", durante variados períodos de tiempo (más de 90 días en algunos casos). Al final de los estudios, los animales fueron diseccionados y desechados. Los resultados en estos estudios mostraron algunas "grandes diferencias entre especies", pero concluyeron que la opción de cigarrillo "sin humo" era menos perjudicial.

Pero, por otro lado, unos investigadores académicos también usaron animales no humanos en investigación de cigarrillos "sin humo". En la Universidad de Wisconsin, 10 perros fueron anestesiados y sus pechos abiertos para exponer el corazón. Para replicar laarterioesclerosis, la arteria coronaria fue atada con un collar plástico, causando que el flujo de sangre se redujese y se formasen trombosis. Los perros fueron entonces expuestos a humo de cigarrillos normales o sin humo, directamente a los pulmones vía tubo a través de la garganta. Se aseguraron los efectos de los diferentes humos en el flujo de sangre coronaria y la formación de coágulos. Los resultados mostraron que ambos tipos de cigarrillos exacerbaban la formación de trombos. Se concluyó que "... fumar este nuevo tipo de cigarrillos probablemente no elimina el humo como un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares".

Este es un ejemplo más de que los experimentos con animales producen resultados que, mientras que no son directamente contradictorios, pueden usarse por ambos, (los pro y anti tabaco en este caso) para dar peso a sus argumentos. Estos experimentos nos dicen poco o nada sobre los riesgos reales para la salud humana.

Los investigadores de R.J. Reynolds también han conducido estudios in vitro y humanos usando este tipo de cigarrillo "sin humo". Estos estudios son claramente más éticos y relevantes que los estudios con otros animales descritos anteriormente.

Los estudios con animales de toxicidad por inhalación ciertamente producen grandes cantidades de datos, pero no dan una perspectiva real de los posibles efectos de los cigarrillos en los fumadores humanos, y sobre todo no son obtenidos de un modo ético porque perjudican a otros animales que son utilizados en contra de su voluntad.

La Smocking Research Foundation de Japón está financiada en un 87% por Japan Tobacco, propietarios de la compañía inglesa Manchester Tobacco. Las investigaciones patrocinadas por esta fundación han incluido estudios en los que monos rhesus son entrenados para fumar cigarrillos, y pruebas de adicción a la nicotina donde monos y ratas tenían que presionar palancas para autoinyectarse nicotina.

Un estudio financiado por el Council for Tobacco Research y la Swedish Tobacco Company, en el Instituto Karolinska, Estocolmo, usó 28 cerdos. A estos animales les bombearon a los pulmones humo de cigarrillo, nicotina, monóxido de carbono y otros ingredientes del tabaco, vía tubo por la garganta

Philip Morris (fabricante de Marlboro) reveló, en audiencias del Congreso estadounidense, que habían hecho experimentos sobre adicción a la nicotina usando ratas. Los resultados de este estudio fueron, sin embargo, retirados. Después se llevaron a cabo similares investigaciones por científicos canadienses, resultando en la innecesaria duplicación de estos tests en animales

Liggett & Myers (fabricantes de Chesterfield y L&M), han llevado a cabo investigaciones de cigarrillos "seguros". Gran parte de este proyecto fue "un programa secreto de 10 millones de libras para crear un cigarrillo que no provoque cáncer a los animales de laboratorio". Su investigación fue exitosa, pero suprimida por los miedos de que pudiese implicar que los otros cigarrillos no fuesen seguros.
Los experimentadores de Liggett & Myers pusieron en las espaldas rasuradas de ratones condensados de humo de cigarrillo; se crearon tumores en la piel. Tras el experimento Liggett continuó reasegurando al público que creía que fumar no es dañino.

Pero la industria tabaquera no es la única participante en los experimentos con animales de tabaco. La mayoría de las investigaciones publicadas son conducidas por investigadores académicos o médicos sin conexión con la industria tabaquera. Esto es particularmente desafortunado a la hora de dar un aire público de credibilidad para estos tests con animales no humanos que la industria tabaquera sola probablemente no podría generar. Los proyectos de investigación "académica" han incluido el uso de perros, en la Universidad de Carolina del Sur, para investigar los depósitos de humo en el pulmón.

También se han usado perros, para examinar cómo el humo de los cigarrillos afecta a la respuesta del sistema nervioso y control de los pulmones. Se ha administrado humo de tabaco a conejillos de indias como modelo de constricción bronquiolar.

También se ha hecho que conejillos de indias inhalen humo para ver cómo afectaba a los niveles de los antioxidantes (protegen contra el cáncer) del cuerpo. Se usaron galgos en un estudio para asegurar los efectos del humo de los cigarrillos y la nicotina en la permeabilidad de las paredes de las arterias.

Estados Unidos experimentó en secreto con su propia gente

Por Ernesto Carmona*

"Hay un principio no escrito
que dice que los poderosos y privilegiados
deben tener capacidad de hacer lo que quieran
(por supuesto esgrimiendo nobles motivos).
El corolario es que la soberanía
y los derechos democráticos de la gente
en este caso deben pasar de ser
(y esto es lo dramático) refractarios
a ser objeto de experimentos
cuando las grandes empresas de EE. UU.
pueden sacar tajada del experimento".

Noam Chomsky,
El control de nuestras vidas, 2000.

Setenta y tres escolares de una escuela pública de Massachusetts recibieron cucharadas de isótopos radioactivos junto con la avena con leche que les daban en el desayuno de cada mañana. En 1945 la ciencia militar estadounidense ya conocía el poder destructivo de la energía atómica pero sabía poco sobre el efecto radioactivo en los seres humanos.

Desde los años 40 hasta la década de los '90, Estados Unidos experimentó armas químicas y bacteriológicas con los habitantes de su propio país, revelan hoy documentos secretos desclasificados. Los jueces rechazaron las demandas de reparación de las familias de las víctimas invocando la doctrina de "la inmunidad del gobierno".

En 1994, William Clinton ofreció "disculpas sinceras", aduciendo que una "nueva generación de líderes" no repetiría esas prácticas, en un cuestionamiento ético tildado por otros de simple "traición". Hoy podrían existir otros abusos secretos.

Algunos atentados

- En la década del 40 se inyectó plutonio a pacientes de hospitales, se hizo ingerir radioisótopos a los escolares y mujeres embarazadas bebieron hierro radiactivo.
- Desde fines de los ‘40 hasta los ‘50, estadounidenses, canadienses y británicos rociaron bacterias en Las Bahamas.
- En los '50, las tropas fueron sometidas a la radiación de las pruebas nucleares en la atmósfera, para conocer sus efectos en la infantería.
- En 1950, las FF.AA. bombardearon San Francisco, Key West -Florida- y Ciudad de Panamá con bacterias serratia marcescens, sin advertir a la población.
- En 1952/53 dispersaron nubes de partículas sintetizadas de sulfuro de zinc-cadmio sobre los alumnos de la escuela Clinton de Minneapolis (Minnesota); Saint Louis, el Fuerte Wayne, el Valle del Monocacy (Maryland), Leesburg (Virginia), otros estados del centro y Winnipeg (Canadá), "para ver cuánto se dispersarían".
- En 1965, agentes del Ejército soltaron el bacilo globigii en el aeropuerto nacional de Washington y en la terminal de autobuses Greyhound.
- En 1966, difundieron bacterias sustilus varilus en la estación Broadway, Nueva York.

Expedientes del plutonio

Estas puntas del iceberg parecen de ciencia ficción. Pese a que están cubiertos de silencio, ilustran la vocación terrorista del gobierno de EE.UU. ...con su propia gente.

Aunque no es fácil obtener información, la verdad termina siempre por saberse. Una investigación de la periodista Eileen Welsome documentó en 1993 la historia de 18 casos de radiación en el libro The Plutonium Files: America's Secret Medical Experiments in the Cold War (Los archivos del plutonio: experimentos médicos secretos durante la Guerra Fría).

El trabajo de Welsome sobre los expedientes secretos desclasificados impresionó a Hazel O'Leary, secretaria de Energía de Clinton, quien promovió una investigación que en 1994 fue muy resistida por "insólita". Welsome reveló que 73 menores indefensos de una escuela de Massachusetts ingirieron isótopos radiactivos en la avena del desayuno, una mujer de Nueva York fue inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan -la bomba atómica- que le atendían un desorden pituitario, mientras 829 embarazadas bebieron "cócteles vitamínicos" en una clínica de Tennessee, pero en realidad contenían hierro radiactivo.

El gobierno de Clinton formó una comisión -presidida por Ruth Fade- para investigar los casos de radiación en seres humanos denunciados por Welsome. Sin embargo, el informe no satisfizo porque no hubo culpables. Sólo las disculpas del Presidente.

Otras investigaciones

Cuarenta años después, una ex alumna de la escuela Clinton -de un típico barrio de clase obrera- descubrió que cuatro compañeros murieron a los 40 años de edad por enfermedades atribuidas a las pruebas químicas. La mayoría padeció asma, sufrió neumonía y otras enfermedades respiratorias, pero en un juicio sin culpables se impuso el principio de la "inmunidad gubernamental". El Ejército aseguró que sus pruebas resultaron inocuas y garantizó que las enfermedades fueron una coincidencia.

En la mitad de los '70, el San Francisco Chronicle denunció -un cuarto de siglo después- el evento serratia marcescens. Hubo reclamos de los nietos de 11 víctimas hospitalizadas por infecciones urinarias y respiratorias severas, entre ellas un hombre que murió, pero de nuevo los jueces impusieron la doctrina de "inmunidad gubernamental". Además, el Ejército aclaró que las bacterias causantes del daño humano no fueron las suyas. Otra coincidencia.

Leonard Cole, autor de The Eleventh Plague: The Politics of Biological and Chemical Warfare (La plaga décimo primera: la guerra química y biológica), documentó numerosos otros casos. No es fácil conseguir información sobre estas violaciones a los derechos humanos en el país gendarme de la democracia mundial. La Red de Noticias de Salud (Health News Network), del Proyecto Libertad de Derechos Humanos de Winston-Salem, Carolina del Norte, ofrece reimpresiones de documentos gubernamentales desclasificados (Ver http://www.mindcontrolforums.com/pro-freedom.co.uk/publications_books_1.html).

Más pruebas en humanos

En 1977, las audiencias del Comité de Inteligencia del Senado sacaron a la luz que entre 1949 y 1969 se realizaron 239 pruebas secretas de agentes biológicos aéreos, 80 con bacterias vivas. Las FF.AA. afirmaron que sus bacterias tampoco eran nocivas, pero en varios casos se comprobó lo contrario. En 1994, un experto en guerra biológica declaró que por 20 años el Ejército soltó nubes de microbios "simulados" y agentes químicos en cientos de zonas pobladas, causando enfermedad y muerte en humanos y animales.

Las audiencias revelaron que la CIA hizo experimentos secretos (1956-1961) de control mental con el programa MK-Ultra en numerosas ciudades. Sus agentes introducían alucinógenos -LSD y mescalina- en las bebidas sin que los "conejillos" se percataran y se quedaban a "observar".

Muchos "sujetos" se enfermaron y dos murieron.

Entre 1944 y 1974, el ministerio de Defensa (Pentágono) y la Comisión de Energía Atómica estudiaron en miles de personas los efectos nocivos dle material radiactivo e inyecciones de plutonio. Un comité del gobierno informó en 1965 que se realizaron 4.000 experimentos en docenas de hospitales, universidades y bases militares, por lo general sin permiso ni conocimiento de los "conejillos".

Pedro Albizú Campos

En 1931 el Dr. Cornelius P. Rhoads, se traslado al Hospital Presbiteriano de San Juan para "estudiar la anemia en Puerto Rico", con financiamiento de la Fundación Rockefeller. Lo que realmente hizo fue inyectar a los anémicos con células de cáncer y elementos radiactivos y aplicarles radiación para estudiar sus efectos. En una carta a su amigo F.W. Stewart, confesó haberle dado muerte a 8 pacientes.

Más tarde, Rhoads dirigió de guerra biológica en Maryland, Utah y Panamá. También integró la Comisión de Energía Atómica, donde organizó experimentos de exposición a la radiación con soldados y pacientes de hospitales.

En 1951, el líder patriota Pedro Albizú Campos denunció desde la cárcel La Princesa de San Juan que estaba siendo irradiado y que los estadounidenses utilizan a Puerto Rico como un laboratorio.

Desde los ‘40 hasta la década de los '90, en Panamá se probó gas mostaza, VX, sarín, cianuro de hidrógeno y otros agentes neurotóxicos. En los primeros experimentos se aplicó las sustancias a los soldados con consecuencias trágicas, en tanto en los años 60 y 70 se hicieron pruebas del agent orange y otros herbicidas tóxicos en las selvas de Panamá, similares a los campos de batalla de Vietnam.

En la invasión a Panamá de 1999, los habitantes de Pacora -en las montañas cercanas a la capital- fueron bombardeados con un agente químico que les quemó la piel, les produjo escozor y les provocó diarreas. El ejército dejó muchos sitios contaminados con residuos de armas químicas, además de numerosos proyectiles que no detonaron. Los experimentos químicos y biológicos "descentralizados" son como el pan de cada día en Cuba. La variedad del mosquito Aedes aegypti, transmisor del virus del dengue hemorrágico, fue desarrollado por especialistas en guerra biológica e introducido en la isla en 1984, según confesó Eduardo Arocena, cabecilla de la organización terrorista Omega 7, en un juicio celebrado en 1984 en EE.UU.

Todo vale en EE.UU.

Los ataques con ántrax perpetrados en EE.UU. en 2002 utilizaron cepas Ames, desarrolladas en laboratorios de Iowa y utilizadas por el Ejército en los ‘60 para fabricar armas virulentas. Los experimentos con el ébola se desarrollaron en el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército en Fort Detrick (Maryland).

Entre 1942 y 1945, los Servicios de Guerra Química experimentaron el gas mostaza en unos 4.000 militares y en centenares de Adventistas del Séptimo Día que eligieron prestarse como conejillos de india en lugar de servir en el Ejército. El registro de las experimentaciones humanas en EE.UU. podría albergarse en una gran biblioteca.

El servicio de Salud Pública decidió actuar contra el pelagra -una deficiencia de niacina- recién en 1935, después de observar impasible durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria, para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad.

El mismo servicio experimentó en los años 30 la sífilis Tuskegee en 200 hombres de la comunidad negra de Macon County, Alabama. Y una vez que comenzó la producción industrial de penicilina tampoco los curó. El SIDA, que apareció en los '80 entre la población negra de Haití y en algunos países africanos, bien puede ser otro artilugio del arsenal biológico estadounidense. Todo es posible para los líderes de ese gran país.

*Ernesto Carmona es consejero nacional del Colegio de Periodistas de Chile y secretario ejecutivo de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).